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 Lo abrupto de la orografía de toda la zona de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria y lo diseminado de sus pequeños caseríos y pagos dificultaba el traslado de los difuntos desde el lugar del fallecimiento hasta las cabeceras parroquiales. Los "descansaderos de los muertos" eran espacios fijados en mitad de las rutas más largas donde los porteadores descansaban.  Los ataúdes, que eran de uso comunitario, se guardaban en cuevas o abrigos para que no se deterioraran y poder reutilizarlos. Algunos ejemplos son "El descansadero de los muertos" en el camino de Pilancones o "La cueva de la caja" en Ayagaures.  

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