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Las piezas de alfarería artesanal de Gran Canaria siguen hoy haciéndose como antaño, sin utilizar torno ni instrumento mecánico alguno.  Las loceras, como se conocía a las mujeres dedicadas a hacer loza (alfarería) levantaban cada pieza  totalmente a mano ayudándose tan solo por elementos de la naturaleza como cantos rodados, callaos de la playa o trozos de caña. La actividad se desarrollaba siempre en torno a zonas donde había arcilla de calidad y eran los hombres los encargados de extraerla y llevarla hasta los talleres. Una vez modeladas las piezas eran de nuevo ellos los encargados de "guisarlas" en el horno particular o en el comunitario.  Las zonas loceras de Gran Canaria son tres y una de ellas, la de Lugarejos (Artenara), forma parte de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. 

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